Hoy me he levantado nostálgico. He recordado la sonrisa de un niño que vi hará cosa de una semana, por la calle. Y oye, qué felicidad. Me he puesto a pensar en cómo debía funcionar mi cerebro por aquél entonces, cuáles eran mis preocupaciones y aspiraciones.
Para empezar, todo lo que ahora viene siendo materia del blog, es decir, la cuestión política, social y medioambiental (de esto poco, por ahora), no existía en mi mente. A pesar de que por aquellos años escuchaba ya Ska-P y sucedáneos, era simple música, que ni me gustaba ni me disgustaba. Nada de revoluciones. Nada de obreros anarquistas, ni de mujeres luchadoras. Nada de políticos corruptos o polis malos. Al contrario, es increíble que diga esto, pero en mi más tierna infancia, Aznar me caía bien, pues era el único que aparecía en el televisor de casa. Y policía era uno de los oficios a los que quería dedicarme. Ese y superhéroe. Sí que recuerdo, que el sentido del "bien", aunque deformado, ya pesaba en mi cabeza. Esas pelis de Disney, de las de antes, hacían hincapié en el honor, la bondad, la honradez y la solidaridad, al menos, a los ojos de un niño. Y como buen niño, era una esponja que absorbía todos los fotogramas de cada peli. Llegué a decir (recuerdo ahora) que la mujer en el ámbito laboral tenía las de perder, que debían dedicarse a fregar (o algo así) y que poco a poco los hombres iban haciéndose con todos los trabajos. Inaudito viniendo de mí ahora. Era un bendito ignorante, no sabía cuanto me equivocaba. Y sin embargo, todo esto lo decía sin preocupación. No importaba lo que la gente pensara (ahora tampoco es que importe mucho), era un egocentrismo total y absoluto.
Y de las féminas ya ni hablamos. Las mujeres, o "niñas" en aquella época, el sexo opuesto, me eran todas indiferentes. Total y absolutamente, no había problemas de enamoramiento. Eran iguales a nosotros, solo que con aspecto distinto. Y con Barbies. Joder, cómo odiaba las Barbies con pelo. Pero en cualquier caso, seres inofensivos, compañeras, amigas. Y punto. Luego todo se tercia, y aparecen cosas que no deberían. Se sienten cosas que luego odias. Pero ese es otro tema.
Sin olvidar que el tema de deberes, exámenes, o colegio en general era una fiesta. Casi era peor el finde, que estabas solo en casa. Yo recuerdo que el colegio suponía horas de diversión e interacción con gente con la que estuve seis años, y con la que compartí mi infancia. Los exámenes eran, desde mi punto de vista de entonces, una hora de clase divertida, pues en cuanto acababas te podías poner a dibujar por el anverso de la hoja, o simplemente, no hacer nada de nada. En las clases, como desde el principio hice migas con un gran aficionado a los cómics como yo, pasábamos las horas de clase dibujando nuestro cómic (que tenía 4 o 5 capítulos de 20 hojas, nada menos (permitidme un XD)), allí, con lápiz, rotulador negro gordo y rotuladores de colores. Los diálogos escritos a mano en boli. Luego surgieron colaboraciones de toda la clase, y formamos un grupo interesante. Que nos quitaban las hojas los profes, pues dibujábamos de nuevo la misma. Era puro vicio, amor al cómic. Luego todo se torció, pero hasta ese momento, trabajamos duro. Y los patios, joder, qué patios. Primero jugabas al fútbol, que había dos cracks de la pelota por ahí que se nos meaban a todos. Luego un porterazo también, con el que recuerdo rivalizar por la supremacía en la portería. Más adelante, la Game Boy nos absorbió durante un tiempo, ocho personas agachadas sobre una maquinita. Y por último, las cartas de Yugioh! Están aquí, en mi cajón, y cada vez que las cojo y las miro una por una, recuerdo muchas partidas, estrategias y momentos cumbre con ellas. Ahí teníamos incluso diferentes escenarios para jugar, inventados por nosotros. Nuestra imaginación no tenía límites. Incluso imitábamos poses y voces de la serie, era jodidamente feliz.
Creo que voy a llorar joder jajaja. Parece que no, pero esta entrada más que para denunciar algo (como suelen ser), es una entrada autorreflexiva. Muchas cosas han pasado desde la época que os cuento. Y muchas más pasarán. Nuestras ganas de superar al maestro Ibáñez con nuestro cómic, por ejemplo, perduran. Aquellos prejuicios fruto de la ignorancia, en mi caso, creo y espero que hayan desaparecido. No nos queda sino seguir avanzando, y añadir más historias a nuestras memorias, y a las de las personas que les interesen.
Karlos, te la has currado mucho. Me gusta mucho en serio. (:
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