¿Qué soy?
¿Quién soy?
¿Por qué? ¿Por qué fingir?
¿Por qué poesía? ¿Por qué aquí?
Esta hoja acabará rota, tirada.
Destruida.
¿Por qué amar? ¿Por qué querer? No.
No querer, no amar.
Solo. Siempre solo.
No puede haber afecto.
Nada, cero. No aparentar.
¿Y lo auténtico, dónde acabaste?
¿Qué te dirías a tu yo de hace tres años?
Eres poser. Eres mierda.
Vas de bohemio, de punk, de lobo solitario,
pero en realidad eres todo fachada.
Te traicionas una y otra vez.
Te justificas. O ni eso.
Te mueres. Muere tu esencia.
¿Qué fue de los principios?
¿Dónde quedó la honestidad?
Enterrada, sepultada bajo toneladas
de posmodernidad.
Cierra la muralla, que nada entre.
No solo nadie, nada.
No te permitas tener ilusiones.
¿Es esto vida? No.
Entonces, ¿por qué vivirla? Por cobardía.
No ser capaz de atravesar la piel,
perforar el músculo,
quebrar el hueso.
Pero la vida sólo pasa, sin más.
Nada, de nuevo.
Puedes morir ahora, y a nadie le importaría (y nada importaría), (y nada cambiaría lo contrario).
¡Qué dramático, qué radical, qué insensible!
Y sin embargo, el menos dramático (edit: mentira),
el menos radical (edit: mentira), el más sensible.
Asume la vida como un pase,
en el que lo único que puedes intentar,
es esquivar el dolor.
Y ni aun así puedes ganar.
La vida, muerte es.
Vomítate, escúpete, hazte sangre,
insúltate, córtate, vapuléate.
No vales nada, tu dolor tampoco.
Hazte daño, destrúyete.
Aléjate de todo, de todos.
Donde no puedas hacer daño,
donde no la puedas cagar.
Donde seas pastor sin rebaño,
una piedra en el fondo del mar.
(Intermedio)
Hoy te he vuelto a ver,
hacía tiempo que no pasaba.
No podía creer
el verte ahí delante, parada.
Huía de tu recuerdo,
me ocultaba en la oscuridad,
agachaba las orejas,
para no verte más.
Y sin embargo ahí estabas.
Inocente y ajena a mi presencia,
viviendo libre, despreocupada.
Y yo, por otro lado, paralizado.
Esa piel blanquita, suave.
Ese pelo cobrizo.
La viva imagen de tu madre,
de cuando éramos dos chiquillos.
Y a pesar de que te la jugabas,
brincando entre piedras inestables,
sabía que un ángel te guardaba.
Sigue saltando sin miedo, nunca pares.
(A esa chiquita que saltaba de piedra en piedra, por el muro de un parque de una ciudad catalana cualquiera. Y que nunca dejes de saltar sin miedo).
¿Quién soy?
¿Por qué? ¿Por qué fingir?
¿Por qué poesía? ¿Por qué aquí?
Esta hoja acabará rota, tirada.
Destruida.
¿Por qué amar? ¿Por qué querer? No.
No querer, no amar.
Solo. Siempre solo.
No puede haber afecto.
Nada, cero. No aparentar.
¿Y lo auténtico, dónde acabaste?
¿Qué te dirías a tu yo de hace tres años?
Eres poser. Eres mierda.
Vas de bohemio, de punk, de lobo solitario,
pero en realidad eres todo fachada.
Te traicionas una y otra vez.
Te justificas. O ni eso.
Te mueres. Muere tu esencia.
¿Qué fue de los principios?
¿Dónde quedó la honestidad?
Enterrada, sepultada bajo toneladas
de posmodernidad.
Cierra la muralla, que nada entre.
No solo nadie, nada.
No te permitas tener ilusiones.
¿Es esto vida? No.
Entonces, ¿por qué vivirla? Por cobardía.
No ser capaz de atravesar la piel,
perforar el músculo,
quebrar el hueso.
Pero la vida sólo pasa, sin más.
Nada, de nuevo.
Puedes morir ahora, y a nadie le importaría (y nada importaría), (y nada cambiaría lo contrario).
¡Qué dramático, qué radical, qué insensible!
Y sin embargo, el menos dramático (edit: mentira),
el menos radical (edit: mentira), el más sensible.
Asume la vida como un pase,
en el que lo único que puedes intentar,
es esquivar el dolor.
Y ni aun así puedes ganar.
La vida, muerte es.
Vomítate, escúpete, hazte sangre,
insúltate, córtate, vapuléate.
No vales nada, tu dolor tampoco.
Hazte daño, destrúyete.
Aléjate de todo, de todos.
Donde no puedas hacer daño,
donde no la puedas cagar.
Donde seas pastor sin rebaño,
una piedra en el fondo del mar.
(Intermedio)
Hoy te he vuelto a ver,
hacía tiempo que no pasaba.
No podía creer
el verte ahí delante, parada.
Huía de tu recuerdo,
me ocultaba en la oscuridad,
agachaba las orejas,
para no verte más.
Y sin embargo ahí estabas.
Inocente y ajena a mi presencia,
viviendo libre, despreocupada.
Y yo, por otro lado, paralizado.
Esa piel blanquita, suave.
Ese pelo cobrizo.
La viva imagen de tu madre,
de cuando éramos dos chiquillos.
Y a pesar de que te la jugabas,
brincando entre piedras inestables,
sabía que un ángel te guardaba.
Sigue saltando sin miedo, nunca pares.
(A esa chiquita que saltaba de piedra en piedra, por el muro de un parque de una ciudad catalana cualquiera. Y que nunca dejes de saltar sin miedo).