La calle solitaria. Neblina. Un pequeño ruido comienza a escucharse en el horizonte. Poco a poco se intensifica, mientras una masa de gente furiosa se acerca por la calle principal. La masa está compuesta por todo tipo de personas. Hay jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, heteros y homos, negros y blancos. Avanzan con los puños en alto, enarbolando pancartas y gritando lemas al son de varios megáfonos.
Puedes reconocer ahí a algunos amigos, colegas del cole, del insti, y de la uni, a tus padres, a tus abuelos, que vuelven a luchar después de 75 años de reposo... incluso tus profesores y vecinos andan por ahí desperdigados.
Ves en sus caras rabia y odio, a la par que convicción e insistencia. Y es que les mueve una fuerza que no se puede describir con palabras, hay que sentirla. Sentir que eres el dueño de tu destino, que puedes realizar aquello que deseas y que no hay barrera que no pueda ser tumbada. Sentir que aquellos que han jugado contigo durante todo este tiempo, los que han manejado las marionetas, van a caer, porque les vamos a cortar los hilos. Y es por ello que tú no eres menos que la gente que conforma la masa, y cuando pasan por delante de ti, te unes a ellos, encabezando la revuelta. Esa revuelta que comenzó con unos cuantas personas cansadas de ser utilizadas, y que ha llegado a mover montañas y traspasar las fronteras más impensables.
Tu educación es la que te ha instado a unirte a la protesta, sientes el fuego crecer dentro de ti. Es por ello que gritas, hasta que tu voz se desgarra por el esfuerzo, y alzas el puño con la intención de rozar las nubes, porque sabes que no estás solo, que somos muchos más, que somos mayoría, y que aquella minoría que se divirtió jugando con nosotros, está a punto de caer.
Se defienden sacando a las calles seres anteriormente conocidos como "personas" pero que solo son animales disfrazados. Comienza así una batalla campal de palos contra porras, de piedras contra balas. Su arma es la represión, la tuya, la insumisión. No te dejas amedrentar por el dolor, y cada golpe sólo sirve para demostrarte a ti mismo que no quieres que esto continúe, que vas a luchar por cambiar aquello que tanto se han esforzado por imponer, vas a demostrar, que por mucho que intenten manipular tu educación, eres una conciencia libre, y vas a luchar por que los demás también lo sean.
Les ves temblar, retrocediendo, tienen miedo, aquellos que pensaron que nunca podrían ser derrotados, aquellos que se creían dioses terrenales de las finanzas y la especulación, ahora están aterrados en un rincón. Lloriquean y se lamentan, echan la culpa a la educación por nuestra insumisión, mientras cabizbajos han de emigrar a otro lugar... si es que algún lugar les quiere.
Y así es como se gesta la revolución. Ahora vuelves a ser persona, vuelves a poder soñar con ser tu propio rey, con poder realizar todos aquellos proyectos que te restringieron... y a volver a ser libre. Siente el oleaje del mar, la brisa del viento, el calor del sol. Y relájate, has ganado tu propia guerra.