jueves, 14 de octubre de 2010

Aquellos recuerdos...

Ya está, ya me he puesto. Llevaba medio mes sin escribir nada, pues nada merecía la pena de ser escrito. Hasta que esta mañana ha llegado a mi mente el recuerdo de aquella vez, aquella época en la cual tanto mi inocencia como la de mis amigos estaba aún intacta.

Era un mediodía de abril. Hacía calor, y, como todos los días, comía en el comedor del colegio. Siempre he sido lento comiendo, y aquella vez no fue una excepción. Tragaba sin prisa, dejándome llevar por los pensamientos que vagaban en aquel momento por mi mente mientras miraba el desplazamiento de las nubes. Salí del comedor, apremiado por los empujones de una de las profesoras, que se desesperaban con aquellos que no vivíamos con el estrés rutinario de aquella época. A partir de aquí mi mente se vuelve más difusa, pues no estoy seguro de en qué orden o con qué exactitud ocurrieron los acontecimientos, es por eso que dejo dos versiones... sigo sin saber cuál es la buena, que cada uno haga su elección.

A) Llegué al patio tras atravesar todo el colegio, que era un laberinto de pasillos, cuando fui avisado por Iván (un gran amigo, buenazo y alegre siempre), de que el que para mí era como mi hermano, David, estaba siendo linchado por los chavales de 4ºB (en aquella época de primaria, las rivalidades entre 4ºA y 4ºB eran realmente terribles). Un grito medio de rabia, medio de desesperación salió de mi boca, corrí hacia donde me indicaba Iván con el dedo (estaba lejos, el patio era realmente grande, pues contenía incluso un campo de fútbol y un "subpatio" para los pequeños que aún no iban a Primaria), y llegué en medio de la batalla campal que se había desarrollado. Fabián, Sergio, Muñoz... muchos había allí, todos ellos muy buenos amigos míos, y todos dábamos y recibíamos. Codazos, patadas, puñetazos, mordeduras, arañazos... Por suerte o por desgracia, una de las cuidadoras nos vio (éramos como diez en pelea, para no vernos), y nos tuvo que separar. La mayoría llévabamos únicamente arañazos y magulladuras menores. Alguno salió de allí con una gota de sangre en el brazo. Dio igual, la cosa no prosperó y la antipatía propia del infantilismo se convirtió en amistad en un futuro.

B) Bajé al patio, que se dividía en varios sectores: Por un lado, estaba el "patio de los pequeños" (chavales que aún no habían hecho primaria, por otro, el campo de fútbol (cuántos partidos, cuánto prestigio en cada movimiento triunfal), el campo de tierra (un solar de 4 x 4 al lado del campo de fútbol, donde los árboles servían como porterías), y la "zona de duelos" (en aquella época estaba de moda el juego de cartas de Yu-gi-oh!, y muchas horas echamos allí, jugando y jugando, desarrollando estrategias y demás). Me encaminé hacia este último sitio, donde se había agrupado la cuadrilla, mientras dos de ellos jugaban. No recuerdo cómo ni porqué, pero al instante me encontraba en el campo de tierra, dividido en dos bandos según la clase, enfrentados como si fuéramos a pegarnos. Acerté, porque de alguna manera Álvaro del Pino (un chaval bastante pintoresco), agarró a David por el cuello de la camisa y lo tumbó al suelo. Nada más ver esto, y con las lágrimas saltando por la rabia (David era como mi hermano), grité lo más alto que pude "¡¡No toquéis a David!!" Y me lancé enfurecido a por Álvaro, el chaval que había osado tocar a mi hermano. Entre todos nos separaron. Hubo quien nos metió alguna que otra patada, y hubo quien únicamente nos separó. Levantaron a David entre dos, con las lágrimas en los ojos, pero sin derramarlas, uno de cada brazo, y a Álvaro también. Yo cambié mi posición a sentado en el suelo, y cuando me ofrecieron una mano y me dijeron un "¿Estás bien?" con un "Sí" me levanté.

Repito que no sé cuál es la verdadera historia, incluso si ninguna de estas dos lo es, o ambas lo son en una. Sólo sé que cada vez que recuerdo la rabia, la intensidad con que viví aquellos momentos de trifulca (que no durarían ni un minuto), una sonrisilla aparece en mi cara.   

Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice. Pero hace tiempo...