martes, 14 de mayo de 2019

Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice.

Pero hace tiempo que noto que te alejas, y siento un miedo terrible al abandono. Y justo cuando más necesito tu cariño, más lejos te siento, aunque tu voz en la oscuridad me diga que sigues conmigo.

Vuelvo a estar en la misma encrucijada años después, preparado para cometer los mismos errores de nuevo. Pero ahora ya sé el dolor que hay a lo largo del camino, y esta vez no me apetece sobrevivirme.

Lo peor es saber que el único culpable de mi situación soy yo. Que sabía dónde me metía. Que suspiré, prometiéndome que lidiaría con lo que viniese, cuando viniese -pero siendo sincero, esperaba que nunca llegase-. Que he intentado aceptarlo todo, pero todo tiene un precio, y este me está costando la vida -indirectamente-.

No quiero hacer daño a nadie. Quiero irme sin que se note, dejando a la gente seguir con su vida. Sin dolor. Sin llantos. Sin remordimientos. Sólo desaparecer, y llevarme conmigo toda la ansiedad -angustia me has dicho, aunque a mí esto me parece más que simple angustia puntual-.

La tortura ya dura demasiado. Se me agota la sonrisa, y me faltan fuerzas para levantar los brazos. Es como si fueran de hormigón. Me ahogo con mis propias lágrimas, y no puedo controlar la respiración. Me regodeo en mi propia pena, en el personaje patético que proyecto para mí mismo. Es como si el suelo me arrastrase al mismo infierno y no tuviese fuerzas para levantarme. Tiemble entero entre sudores fríos, sin saber si esta noche podré dormir o mi cabeza me lo impedirá.

Por favor, que pare todo.

Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice. Pero hace tiempo...