domingo, 18 de septiembre de 2016

Se acabó

Ya ha pasado la tormenta.
Ahora sólo quedan los restos del navío
que no supo escapar a tiempo.

Quedas tú, a oscuras en la habitación,
pensando en el temporal
que acaba de trastocar toda tu vida.

No sabes ni cómo reaccionar,
pues no sabes ni qué sientes.

Sólo vacío.

Incertidumbre, miedo y ansiedad.
Abren la puerta y entran
antiguos compañeros de noches tortuosas.
Esos fantasmas que creías haber enterrado,
pero que han vuelto más fuertes
para hacerte daño.

No puedes ganarles, estás débil.

Te clavas puñaladas de realidad en la cabeza,
te dices que eres mierda,
ríes con locura
y enloqueces de dolor,
te escupes,
te insultas,
te golpeas,
te muerdes,
te cortas,
te desgarras.
Pero da igual,
por dentro ya estás desgarrado.

Y gritas
rasgándote las cuerdas vocales,
hasta que vomitas todo lo que llevas dentro.
Te arrancas el alma,
caes,
en una espiral autodestructiva,
al vacío.

Sólo queda acabar,
desaparecer.
El resto no importa,
siempre que la agonía acabe.

Por eso estas frases no riman.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Para ti, pequeña.

No sé muy bien cómo empezar esta carta, que por suerte o por desgracia, nunca leerás.

Tengo muchas cosas que decirte, y a la vez no sé cómo contártelas todas sin que quede desordenado. Empezaré diciéndote que eres una de las personitas más importantes de mi vida, que te quiero mucho. Tenía muchas ganas de conocerte, de verte, porque eres el resultado de todo lo que nos podemos querer tu madre y yo. Sí, se que suena un poco bestia y loco hablar de maternidad/paternidad a estas edades, pero a cada cual le viene cuando le viene, y cada vez que oía a mamá hablar de que tenía un retraso, en el fondo creo que deseaba que siguiera adelante y formáramos una nueva vida, aunque eso es algo que siempre me he guardado para mí.

Sabes, te he imaginado de muchas maneras cuando hemos hablado de ti, pero siempre has mantenido el pelo, los ojos y la piel de tu madre. Sé que también has heredado su nerviosismo y su genio, eres como una pequeña proyección de ella aliñada con cositas mías. Y me gustas mucho así. Ahora mismo te imagino andando en patucos por el pasillo de una casa que no existe, por un suelo de parquet intentando mantener el equilibrio y coordinar todo tu cuerpo. Con ese pirri tan gracioso que tu madre siempre ha querido hacerte, con los mofletes rojos e hinchaditos, propios de la edad. Te como, pequeña.

Juntos pensamos algunos aspectos de tu educación que no queríamos dejar al aire (ella se moría por apuntarte a ballet desde pequeñita), algunos libros que queríamos leer contigo en la cama (yo compré uno expresamente para enseñarte a leer, un clásico muy bonito sobre niños, monstruos, y el lugar donde viven), algunas actitudes que queríamos, y otras que no queríamos enseñarte y que adoptaras (aunque al final los tres sabemos que ibas a hacer lo que te diera la gana). En suma, queríamos hacerte una mujer fuerte, libre, independiente y autosuficiente. Sé que hubieras acabado siendo así, y estoy muy orgulloso de ti por ello.

Te escribo esta carta más que nada para despedirme, para que sepas que a pesar de todo, siempre estaré contigo, y tú conmigo. Es cierto que no eres real, sólo eres la idealización de la pequeñaja que queríamos tener, pero necesitaba escribirte esta carta, despedirme de algún modo de ti. Porque aunque nunca hayas sido real, dentro de mí has ido tomando forma durante todo este tiempo, y te he cogido un cariño irracional del que ahora he de desapegarme. Quiero que sepas que eres increíblemente especial, y eso nunca debes de olvidarlo. Sé fuerte, lucha por lo que crees, y no desistas, no te rindas, pues todo saldrá bien. Te quiero muchísimo, a ti y a mamá, aunque haya que enterrar todo eso. Siempre voy a tener un hueco para ti dentro de mí.

Te quiere mucho, con todo su corazón,

Papá.

Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice. Pero hace tiempo...