sábado, 17 de diciembre de 2011

El momento de la felicidad infinita

Hoy me he levantado nostálgico. He recordado la sonrisa de un niño que vi hará cosa de una semana, por la calle. Y oye, qué felicidad. Me he puesto a pensar en cómo debía funcionar mi cerebro por aquél entonces, cuáles eran mis preocupaciones y aspiraciones.

Para empezar, todo lo que ahora viene siendo materia del blog, es decir, la cuestión política, social y medioambiental (de esto poco, por ahora), no existía en mi mente. A pesar de que por aquellos años escuchaba ya Ska-P y sucedáneos, era simple música, que ni me gustaba ni me disgustaba. Nada de revoluciones. Nada de obreros anarquistas, ni de mujeres luchadoras. Nada de políticos corruptos o polis malos. Al contrario, es increíble que diga esto, pero en mi más tierna infancia, Aznar me caía bien, pues era el único que aparecía en el televisor de casa. Y policía era uno de los oficios a los que quería dedicarme. Ese y superhéroe. Sí que recuerdo, que el sentido del "bien", aunque deformado, ya pesaba en mi cabeza. Esas pelis de Disney, de las de antes, hacían hincapié en el honor, la bondad, la honradez y la solidaridad, al menos, a los ojos de un niño. Y como buen niño, era una esponja que absorbía todos los fotogramas de cada peli. Llegué a decir (recuerdo ahora) que la mujer en el ámbito laboral tenía las de perder, que debían dedicarse a fregar (o algo así) y que poco a poco los hombres iban haciéndose con todos los trabajos. Inaudito viniendo de mí ahora. Era un bendito ignorante, no sabía cuanto me equivocaba. Y sin embargo, todo esto lo decía sin preocupación. No importaba lo que la gente pensara (ahora tampoco es que importe mucho), era un egocentrismo total y absoluto.

Y de las féminas ya ni hablamos. Las mujeres, o "niñas" en aquella época, el sexo opuesto, me eran todas indiferentes. Total y absolutamente, no había problemas de enamoramiento. Eran iguales a nosotros, solo que con aspecto distinto. Y con Barbies. Joder, cómo odiaba las Barbies con pelo. Pero en cualquier caso, seres inofensivos, compañeras, amigas. Y punto. Luego todo se tercia, y aparecen cosas que no deberían. Se sienten cosas que luego odias. Pero ese es otro tema.

Sin olvidar que el tema de deberes, exámenes, o colegio en general era una fiesta. Casi era peor el finde, que estabas solo en casa. Yo recuerdo que el colegio suponía horas de diversión e interacción con gente con la que estuve seis años, y con la que compartí mi infancia. Los exámenes eran, desde mi punto de vista de entonces, una hora de clase divertida, pues en cuanto acababas te podías poner a dibujar por el anverso de la hoja, o simplemente, no hacer nada de nada. En las clases, como desde el principio hice migas con un gran aficionado a los cómics como yo, pasábamos las horas de clase dibujando nuestro cómic (que tenía 4 o 5 capítulos de 20 hojas, nada menos (permitidme un XD)), allí, con lápiz, rotulador negro gordo y rotuladores de colores. Los diálogos escritos a mano en boli. Luego surgieron colaboraciones de toda la clase, y formamos un grupo interesante. Que nos quitaban las hojas los profes, pues dibujábamos de nuevo la misma. Era puro vicio, amor al cómic. Luego todo se torció, pero hasta ese momento, trabajamos duro. Y los patios, joder, qué patios. Primero jugabas al fútbol, que había dos cracks de la pelota por ahí que se nos meaban a todos. Luego un porterazo también, con el que recuerdo rivalizar por la supremacía en la portería. Más adelante, la Game Boy nos absorbió durante un tiempo, ocho personas agachadas sobre una maquinita. Y por último, las cartas de Yugioh! Están aquí, en mi cajón, y cada vez que las cojo y las miro una por una, recuerdo muchas partidas, estrategias y momentos cumbre con ellas. Ahí teníamos incluso diferentes escenarios para jugar, inventados por nosotros. Nuestra imaginación no tenía límites. Incluso imitábamos poses y voces de la serie, era jodidamente feliz.

Creo que voy a llorar joder jajaja. Parece que no, pero esta entrada más que para denunciar algo (como suelen ser), es una entrada autorreflexiva. Muchas cosas han pasado desde la época que os cuento. Y muchas más pasarán. Nuestras ganas de superar al maestro Ibáñez con nuestro cómic, por ejemplo, perduran. Aquellos prejuicios fruto de la ignorancia, en mi caso, creo y espero que hayan desaparecido. No nos queda sino seguir avanzando, y añadir más historias a nuestras memorias, y a las de las personas que les interesen.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Definición de impotencia

Impotencia es que viva en un lugar con fronteras. Impotencia es que existan partidos políticos ilegalizados en un país supuestamente democrático. Impotencia es ver como día a día los que tienen poco van teniendo menos, y los que tienen mucho van teniendo más. Impotencia es ver a la gente ignorar los problemas. Impotencia es ver cómo mueren animales a diario por el simple hecho de ser carne de espectáculo. Impotencia es saber que estas navidades se volverán a abandonar muchos animales que morirán en la cuneta de alguna carretera. Impotencia es tener barreras para poder realizar lo que deseas. Impotencia es ir al colegio o al instituto y ver profesores desmotivados y alumnos ignorantes. Impotencia es saber que hay gente que piensa que aprender es igual a aprobar. Impotencia es saber que hay otra salida, pero no poder alcanzarla por falta de recursos. Impotencia es que exista corrupción en el seno de la democracia. Impotencia es que existan documentos secretos que podrían abrir los ojos de mucha gente. Impotencia es saber que van a meter en la cárcel a todo aquel que demuestre su oposición al sistema, o encuentre una vulnerabilidad. Impotencia es tener un sistema político infectado por el financiero. Impotencia es que se predique en nombre de la paz matando. Impotencia es saber que el único dios al que todos sirven es el dinero. Impotencia es, simplemente, impotencia. 

Esta es mi impotencia. Quizás también es la tuya.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Feliz Consumidad, Parte 2

Ahora sí, toca hablar del consumismo navideño en todo su esplendor, si bien en la anterior entrada ya lo tocaba un poco.

Las empresas de productos ya se han encargado de que durante todo el año haya que comprar productos, por el día del padre, de la madre, del niño trabajador... ejem, pero es en Navidades (festividad cristiana, un dato a recordar) cuando se dan el gran festín de ingresos. Y eso, por mucha crisis que haya, no va a cambiar. La población "hace la excepción" en estas fechas, y va gastando en tonterías (de hecho, hay un mercado extenso en gilipolleces navideñas). Que si el arbolito de Navidad, que si mira le faltan adornos, ahora quiero un Belencito, acuérdate de comprar el pavo de Nochebuena... y para colmo los regalos navideños. Parece que gastar poco es de tacaños, y hay que regalar cosas grandes, y cuanto más inútiles mejor. Que si mira esta cafetera de pega de porcelana, que ha costado cuatrocientos euros, la estatua esa fea que no te gusta pero te tienes que quedar, porque es un regalo... Y las escapadas. Las escapadas navideñas al pueblo, a visitar a la familia (normal, en todo el año los detestas, pero es llegar las navidades, y de repente, como que se hacen de querer), o a una casa rural perdida en el monte, a esquiar y desconectar de la jungla urbana.

No sé cuál es el total de dinero gastado en Navidades (ni lo quiero saber, miedo me da), pero desde luego, seguro que si tanto nos lamentamos el resto del año, algo podríamos contenernos en navidades. O destinarlo a obras sociales, que buena falta hace. Menos pavo y más pollo, que está igual de bueno y es más barato. ¿Y para qué tanto polvorón y turrón de ocho tipos distintos, si sólo te gusta el de chocolate, y a la abuela el duro? Dejemos de consumir inuilidades destinadas a romperse, y ahorremos ese dinero (no en bancos), o destinémoslo a causas que realmente merezcan la pena. Que en vez de comprar una pata de jamón, puedes seguir comprando jamón en lonchas, y dar el dinero para que en África puedan comer aunque sea un poco de pan. O invita a cenar en nochevieja a algún indigente a casa, no matan (no suelen). Así que nada, Feliz Consumidad a todos, y no dejéis que os pique la publicidad.

martes, 6 de diciembre de 2011

Feliz Consumidad, parte 1

No es nada nuevo que cada año se adelanten las fechas en las que las empresas de publicidad inician su campaña navideña. Dentro de poco anunciarán las bufandas en agosto, pero ese es otro tema. En estas fechas en las que la publicidad es brutalmente agresiva y somos bombardeados con promesas de bombones dorados, es cuando más gasta la población. Se trata normalmente de un gasto innecesario en productos supérfluos y a menudo hasta molestos. 

Creo que todo aquél que lea esto ya sabrá por donde tiro, y más si me conoce un poco. Por un lado, tenemos una crisis que amenaza con destruir Europa (jajaja cómo me río), por otro, el bombardeo de bombones Ferrero que mencionaba antes. Pero es que aparte está la gente que realmente lo pasa mal. Mientras tú paseas con tu familia, amigos, o simplemente solo por esas calles tan bonitas repletas de gente, mirando escaparates y deseando lo que contienen, en la esquina hay un hombre rebuscando en la basura. Estas personas, que no piden a nadie, sino que se dedican a subsistir como pueden, son las que merecen ser ayudadas. Que tú eres muy bueno, ya lo sabemos, que le das un euro al yonki que pillas por la calle, también. Pero no te engañes, eso lo haces para sentirte bien contigo mismo.

Esa gran cantidad de dinero que emplean las empresas en publicidad en esta época, y ese dinero destinado a tus regalos navideños que no quieres sacrificar, podrían suponer un nuevo comienzo para una familia estas Navidades. Podrías dejar la Play en el escaparate y dar esos 400 euros a esa familia, para que alquilen algo, lo que sea, para no dormir a la intemperie un mes. Y las empresas podrían destinar la mitad del dinero de la publicidad a comedores sociales.

Pero no, ellos quieren decirte que la Play está en venta, y no basta decírtelo, te lo tienen que gritar mediante esa salvaje publicidad. Y tú entras en la tienda, y la pides. No se te olvide envolverla para regalo.

Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice. Pero hace tiempo...