martes, 25 de octubre de 2011

Por qué soy anarquista 2: Moralidad

Siguiendo con lo último del primer post de esta serie, ahora voy a tratar el tema de la moralidad. Este es un punto peligroso, pues la educación de cada cual va a influir mucho en cómo reaccionará a las diversas situaciones de la vida, juzgando mayoritariamente sus acciones como buenas, o al menos, sabiendo realizar "bien" o "mal" según interese.
Desde luego, hay una idea generalizada sobre el bien; ayudar a los demás, compartir a ser posible, convivir con el entorno etc. Pero fuera de esa vaga generalidad, que hasta los malos más malos (ya estamos categorizando) respetan, hay que empezar a matizar poco a poco todos estos aspectos. Puesto que una cosa es pensar en el bien individual, en el dinero que necesito o el coche que quiero, otra cosa es pensar en el bien comunitario, lo que quiero para los míos, y por último, el bien general, el más difícil, lo que quiero para todo el mundo, sin distinción. A los que piensan en lo primero se les llama egoístas, y a los que piensan en lo último, entregados.
Cualquiera pensaría que hay que ir ascendiendo poco a poco, consiguiendo primero el individual, con esas ganancias pasar al bien comunitario, y con ayuda de esa comunidad, pasar a realizar el bien común. Error. Si empiezas a pensar primero en tí mismo, aun con el fin de ayudar a todo el mundo al final, lo estás haciendo mal. Como dicen mis profesores de la facultad, "Hay que llevarlo todo a la vez". En caso contrario es imposible consigas llegar a ayudar a nadie, pues ¿quién va a querer ayuda de aquél que sólo ha pensado en sí mismo? Hay que dejar el coche, comprarse una bici, y con el dinero que te ahorras, lo donas a alguna ONG y participas en las actividades culturales de tu comunidad. Poco a poco, es posible ir consiguiendo objetivos más ambiciosos.
Pero volvamos al tema. Generalmente, se podría decir que el bien consiste en ayudar DESINTERESADAMENTE a cualquier persona que requiera ayuda, sin importar quién. Cualquier tipo de discriminación ya sería un punto negativo en este terreno. Por contra, el mal podría considerarse no pensar en los demás o actuar perjudicándoles (evidentemente, hay grados en todo esto, no es todo blanco o negro). He de hacer un stop en este momento, y detallar dos cosas que hemos dicho de pasada: No es totalmente negativo ayudar a alguien con algún motivo, para conseguir algo, realmente, mientras se ayude, los motivos no importan, pero no se podría calificar ese acto de "bueno" o de "totalmente bueno", pues habría ahí el motivo oculto negativo (aunque tampoco hay que echar a nadie a la hoguera por ello). Por otro lado, cuando decimos que un acto es malo, no es tan grave el hecho de no pensar en los demás (sería egoísmo), como hacerlo con la intención de perjudicar a los demás (sería ser un hijo de puta, hablando claro y rápido).
Sabiendo ya más o menos lo que sería bueno o malo, hay que distinguir quién es bueno o malo (según este criterio, no oficial ni por supuesto válido en todos los casos). Aquél que realiza buenas acciones siendo consciente, se podría definir como "buena persona". Aquél que realiza buenas acciones sin saberlo, un día se va a encontrar con que la gente tiene una imagen de él que no se esperaba (se va a llevar una alegría). El que realiza buenas y malas acciones, a partes "iguales", es un ser humano. Es la persona que conocemos normalmente, abunda en esta sociedad, unas veces mira por tí, y otras por sí. Luego está el pobre infeliz que realiza malas acciones sin saberlo. Este se llevará un susto algún día, el pobre. Y por último, el cabrón que realiza malas acciones, lo sabe, y sigue en ello, este tío suele ser rico y llevar trajes (da igual, irá al infierno). A este es al que hay que combatir, pues es el más egoísta y el peor de todos. Repito lo antes dicho: ni todo es blanco o negro, ni es una clasificación especializada o rigurosa, es lo más básico, asequible a cualquier mente humana.
Dicho esto, que cada cual empiece a juzgar sus acciones, y una vez hecho esto, y comprobado que todo está en orden, puede empezar a juzgar (si le place) a los demás. Pero en silencio, que no se enteren que se enfadarán.

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