sábado, 7 de marzo de 2015

Seis

Una hoja en blanco digital para empezar a pensar,
recordar meses atrás una historia  genial.

Una sonata entre miradas y sonrisas,
un juego entre las sábanas a ver quién besa más deprisa.
Y sin embargo, parece que todo queda lejano,
los antiguos símbolos nos han abandonado,
cuántos momentos que puede parecer que he olvidado,
y qué nos ha pasado
con todo lo que queda por hacer,
con la casa sin construir
y la nenita sin nacer.

Esa Estación del Norte y esas bienvenidas,
ese olor a viejo en las calles del Carmen,
esos besos fugaces en parques y avenidas, 
esas ganas locas de abrazarte y no soltarte.
Cuántas noches bailando entre focos,
la resaca en nuestras bocas,
el no querer salir de la cama
y no considerarlo una derrota.
Cuántas mañanas en blanco,
jugando al despiste,
cuántos besos en la espalda
que ahora quieren tornarse tristes.

El descuido, la rutina, no lo sé
simplemente he metido la pata otra vez.
Aquella primavera floreció pero parece marchitarse
porque no he regado la tierra que me regalaste.
Y acaricio el precipicio, no quiero caer,
agárrame si aún te importo. 

Y sólo espero que puedas perdonarme,
que toda esta historia no tenga un final, no acabe.
Que por mí esto es para siempre.
Y estoy seguro de que al final volverán a triunfar
aquellos pocos versos dedicados a mi chica ideal.

A estas horas de la noche, nada decente puede salir. Y sin embargo, y sabiendo que no merecen siquiera el apelativo de "versos", estas frases rimadas siento la necesidad de publicarlas.

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