Una hoja en blanco digital para empezar a pensar,
recordar horas atrás una mañana genial,
como levantarte entre música y cerveza,
un paseo matinal por las calles de Valencia.
En la Estación del Norte me esperaba un ángel
blanquita y pelirroja como la novia de Peter Parker,
una loba con piel de cordero
que empieza a interesarse por el movimiento obrero.
Baja del tren y me mira a los ojos,
un abrazo intenso y los sentimientos a remojo.
Un beso largamente esperado,
el nacimiento y el fin del mundo en nuestros labios.
Una vuelta por los alrededores de la estación,
por detrás de la Plaza de toros y de espaldas a Colón,
luego camino del Carmen,
nos abrazamos en un callejón
entre miradas furtivas y extraños en un vagón
del tren que es esta calle.
En este espacio-tiempo,
en esta calle con olor a viejo,
con casas semi-derruidas y ventanas astilladas,
en este claroscuro que nos brinda la mañana,
resolvemos nuestros asuntos,
ella me parte la boca y yo le rindo culto,
pelean nuestras bocas, a ver cuál quiere más
es una "lucha entre lenguas" parafraseando a Karlos Marx.
Ella acaricia mi cuello, pasas sus dedos
mientras me quedo embobado mirando su pelo,
esos mechones pelirrojos,
el brillo anaranjado reflejándose en mis ojos.
Me giro, una litrona a mi lado,
da igual ya no la necesito
con esta chica estoy pagado.
Seguimos hacia las Torres de Serrano,
vemos el panorama,
Valencia entera despierta y se levanta de la cama
mientras seguimos a lo nuestro, en este mundo infecto,
ella ha venido arreglada y yo he salido con lo puesto,
ni me he peinado (a ella le da igual)
porque me dice que lo que le gusta es ese aire intelectual,
nos ha jodido, menudo feo se ha echado a la cara,
cuando ella es a atractivo lo que a revolución Guevara.
Vemos el skyline valenciano
no es espectacular como el metropolitano,
no nos importa,
nos tenemos a nosotros y con eso sobra.
Aún queda lo mejor, pero eso no lo voy a contar
es nuestro secreto, nuestro polvo en el baño oscuro de un bar.
Ahí queda eso, no sé bien lo que es. Si una historia real
o una paja mental,
quién sabe si ha ocurrido, si es mi chica ideal
aquella a la que escribía hace meses en este blog,
desde aquella (y puede que esta) soledad.
recordar horas atrás una mañana genial,
como levantarte entre música y cerveza,
un paseo matinal por las calles de Valencia.
En la Estación del Norte me esperaba un ángel
blanquita y pelirroja como la novia de Peter Parker,
una loba con piel de cordero
que empieza a interesarse por el movimiento obrero.
Baja del tren y me mira a los ojos,
un abrazo intenso y los sentimientos a remojo.
Un beso largamente esperado,
el nacimiento y el fin del mundo en nuestros labios.
Una vuelta por los alrededores de la estación,
por detrás de la Plaza de toros y de espaldas a Colón,
luego camino del Carmen,
nos abrazamos en un callejón
entre miradas furtivas y extraños en un vagón
del tren que es esta calle.
En este espacio-tiempo,
en esta calle con olor a viejo,
con casas semi-derruidas y ventanas astilladas,
en este claroscuro que nos brinda la mañana,
resolvemos nuestros asuntos,
ella me parte la boca y yo le rindo culto,
pelean nuestras bocas, a ver cuál quiere más
es una "lucha entre lenguas" parafraseando a Karlos Marx.
Ella acaricia mi cuello, pasas sus dedos
mientras me quedo embobado mirando su pelo,
esos mechones pelirrojos,
el brillo anaranjado reflejándose en mis ojos.
Me giro, una litrona a mi lado,
da igual ya no la necesito
con esta chica estoy pagado.
Seguimos hacia las Torres de Serrano,
vemos el panorama,
Valencia entera despierta y se levanta de la cama
mientras seguimos a lo nuestro, en este mundo infecto,
ella ha venido arreglada y yo he salido con lo puesto,
ni me he peinado (a ella le da igual)
porque me dice que lo que le gusta es ese aire intelectual,
nos ha jodido, menudo feo se ha echado a la cara,
cuando ella es a atractivo lo que a revolución Guevara.
Vemos el skyline valenciano
no es espectacular como el metropolitano,
no nos importa,
nos tenemos a nosotros y con eso sobra.
Aún queda lo mejor, pero eso no lo voy a contar
es nuestro secreto, nuestro polvo en el baño oscuro de un bar.
Ahí queda eso, no sé bien lo que es. Si una historia real
o una paja mental,
quién sabe si ha ocurrido, si es mi chica ideal
aquella a la que escribía hace meses en este blog,
desde aquella (y puede que esta) soledad.
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