A lo largo de estos últimos años, hemos sido testigos de cómo la sociedad de la “información” ha pasado a llamarse la sociedad del “entretenimiento”. Los medios de comunicación ya no comunican, entretienen, divierten al usuario de los mismos.
Y no es tan raro. Hace ya mucho tiempo que se luchó por una sociedad informada y culturizada. Demasiado tiempo, tanto, que ahora se invierte el proceso. Ahora la información es secundaria, lo importante es atraer la atención, hacer que el espectador, lector u oyente haga uso de los medios de comunicación. Ya no manda la información, ahora mandan las audiencias, el capital, el sacar el mayor provecho al medio, independientemente de su coste moral. Y como es evidente, la información, el conocimiento, es poder, y el poder no lo puede tener todo el mundo. El poder ha de recaer en una minoría para que esta pueda gobernar a su antojo y manipular a las grandes masas, que, cuanta menos información reciben, más culturizados e insertados en la sociedad creen estar. Es por ello que las antiguas celebridades como (en el caso de España) Alfredo Landa o Fernán Gómez, se ven ahora sustituidos por Belén Esteban o Jesús Vázquez. En la actualidad, lo que la gente quiere es sentirse mejor consigo misma, y para ello, se recurre a programas o revistas de tintes rosados donde la poca dignidad que quedaba en los medios de comunicación desaparece. Incluso en el caso de los “desinformativos” o en algunos artículos periodísticos vemos información sesgada, medias verdades, e incluso mentiras maquilladas. Y sin embargo, un ciudadano medio, cree que con esa dosis diaria, o incluso semanal de información es consciente de lo que acontece en el mundo, y forma en su cabeza una opinión al respecto. Opinión, lógicamente, que tiene una valía mínima, pues la información que perjudica a la postura de un medio de información en la mayoría de los casos se omite, o simplemente se nombra de pasada.
Y no es necesario llegar a estas conclusiones mediante el razonamiento, basta con salir a la calle y ver cómo se mueve el mundo: Belén Esteban, la “Princesa del Pueblo”, en un momento de lucidez dijo que la Edad Media se dividía en Paleolítico y Neolítico. Después, ante la pregunta de “¿Qué te pareció la Revolución Industrial?” contestó “Como no me ha tocado, me importa tres mierdas”. Sí, cuando mañana un alumno diga en clase que la Revolución Francesa le importa poco porque no ha tenido que pasar por ella, no es a él a quien hay que mirar mal, ni siquiera a aquellas personas públicas que exponen su (en el caso de Belén Esteban) vergonzante vida a todo aquél que quiera informarse por medio de estos genios, sino a nosotros mismos, por permitir que los medios de comunicación se degraden tanto.
Y mientras yo escribo estas líneas, en algún lugar un hombre está leyendo el periódico de información manipulada mientras que su hijo ve “Sálvame” y recoge los dogmas de la nueva fe popular.
No hay comentarios:
Publicar un comentario