domingo, 22 de septiembre de 2013

Fútbol y política, en tú mayor.

"Hay que saber diferenciar el fútbol de la política y no mezclarlos". Seguro que esta frase te suena. Dicho sea de paso, perdona que tutee como si nos conociéramos. La frase en cuestión sale a relucir en cualquier debate futbolístico en el que se habla más de despachos que de campo de juego. Voy a añadir también que no soy ningún entendido del fútbol respecto a lo que sucede en ele campo, sino todo lo contrario.


Pero lo que ocurre fuera del campo, muchas veces (por no decir siempre), lo conocemos más aún. Todos. Queramos o no. Por lo tanto, y como primer argumento para apoyar que fútbol y política van de la mano, señor juez, aquí tiene: Se da más protagonismo a lo que ocurre fuera del terreno de juego que dentro. A los tejemanejes de directivos, a las excentricidades de jugadores y demás salsa rosa que sobrepasa lo que es el fútbol en sí, como competición. Y por qué esto es política es muy sencillo: Cuando se habla de todo lo citado, se divide por lo general entre dos clubes (con un poco de suerte a algún otro le toca de refilón) que son los que más venden, los más mediáticos. Eso es política, queramos que no. Y el hecho de que incluso en verano, cuando la temporada está acabada, y las únicas noticias son chismorreos de qué club va a comprar a quién, se siga dando por entero prácticamente el espacio deportivo a estos temas (porque vende), es política. Porque las cadenas consiguen audiencia que se traduce en beneficios, capital. Por tanto, política. No se verá con ningún otro deporte. No he visto a nadie hablar en diciembre de La Vuelta.



Otro punto es también la economía, en sí misma. Si el fútbol ha desarrollado una microeconomía capitalista en su burbuja, pues bien. El problema reside en que se da una inflación (no regulada como en la economía original) de precio por jugador que los clubes han de pedir préstamos a los bancos para pagarlos, con lo que salen de su burbuja y tocan la economía global del lugar. Estos préstamos, como ya sabemos, no se devuelven, y es más, aun sin devolver los préstamos se les conceden más y más, para nuevos estadios, personal, reparaciones, publicidad... lo que sea. Porque también generan unos beneficios brutales (que no olemos ni por asomo). De ahí que a ti, a mí y a la vecina de abajo nos desahucien por no pagar dos meses, pero a los clubes que llevan años sin pagar y con deudas millonarias, les permitan seguir el juego. Eso es política. Porque el fútbol moderno adormece al consumidor, que es bombardeado las veinticuatro horas con el tema y se crea la necesidad de participar de alguna manera del mismo, desviándose de otros temas como el estudio.

Volviendo a las deudas de los clubes, si estos se endeudan y no pagan a los bancos (y repito, hablamos de cantidades millonarias), cuando, por lo que sea, se de como es el caso una crisis y el banco necesite capital habrá de recurrir al Estado, que a su vez, recurre a los pardillos (esos somos nosotros, los ciudadanos). Por lo tanto indirectamente estamos pagando la deuda de los clubes.


También, centrándonos en los individuos implicados en el negocio, conviene hacer otra reflexión: ellos, como futbolistas, es muy posible que hayan alcanzado cierta fama en el juego y tengan cierto caché. No solo se valen del deporte para convertirlo en negocio, sino que no retribuyen lo conseguido pagando los impuestos que tocan en la ciudad del equipo que juegan, sino que lo llevan a paraísos fiscales o a países con impuestos más bajos. Lo que le supondrá cien euros más, a alguien que cobra millones. 



Y todo esto relacionado con la economía es política porque la política se encarga de la administración de la ciudad, la polis, y eso incluye su economía, que está siendo desestabilizada por una deformación del fútbol, que pasa del deporte al negocio, y de ahí los medios lo deforman hasta el circo.



Luego, en el ámbito sexual (de diferencia de sexos), también se da una desigualdad brutal entre fútbol masculino y femenino (eso pasa en casi todos los deportes, de hecho).

 La razón es la misma: el fútbol femenino no vende. Una política de igualdad no permitiría para empezar que el fútbol se convirtiera en negocio primero, y luego que acaparara todo el tiempo de información que se dedica al deporte, y que dentro ya del fútbol al femenino no se le diera visibilidad.
Como dato: Hace poco la Selección española de gimnasia rítmica ganó el Mundial en Kiev. Nadie dijo nada.


Pasando a otro aspecto, el fútbol se ha politizado en el momento en el que han surgido hinchadas ultras que montan broncas cuando su equipo pierde, o cuando entre ellas se ahostian. Han generado un "patriotismo" cerril a nivel de equipo de fútbol fomentando el odio al rival simplemente porque este finde ha tocado que sea el rival. Olvidando con ello que el verdadero enemigo no es aquél que tiene gustos diferentes, sino el que te reprime o explota. Y las Selecciones, como símbolo de patriotismo también fomentan el nacionalismo y el odio al extranjero, sea el que sea. Y si alguien me intenta negar esto, que baje al bar a ver qué frases se escuchan sobre los rivales. Yo he llegado a oír "a ese negro habría que partirle las piernas, cómo corre el hijo de puta".



Creo que estos son argumentos más que suficientes para afirmar que el fútbol ES política.



Nota: No he querido entrar a valorar ya lo acertado o no del modelo capitalista de comercio, creo que para el tema que nos ocupa está de más. Pero puedo decir brevemente que es UNA PUTA MIERDA.

1 comentario:

  1. AYY TE HAS ACORDADO DEL MUDIAL DE KIEV Y DE LA BRASA QUE ESTUVE DANDO. :_)

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Tiemblo.

Tengo un poquito de ansiedad y por eso me apetece hablar contigo, para que me distraigas y me mimes y me tranquilice. Pero hace tiempo...